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La Guerra de Los Dos Lados: Piel de Avestruz

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Artistas de Los Ángeles viajan a la Ciudad de México para reunirse con sus homólogos y plantear una sencilla e impactante pregunta: ¿Cuál es el papel de la comunidad creativa en el contexto de la guerra del narco que ha cobrado un precio devastador en ambos lados de la frontera entre México y los Estados Unidos?

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Traducción de Dolores Dorantes


Soy Rafa Esparza. Soy artista, vivo y trabajo en Los Angeles. Actualmente estoy investigando ideas acerca de la memoria, la identidad, el parentesco y el lugar, sobre todo a través del performance, pero también a través de la escultura y la instalación. Cuando recibí la invitación para unirme a Raquel Gutiérrez y Rubén Martínez en una serie de tertulias sobre la violencia causada por las guerras contra las drogas en México, yo ya tenía actuaciones calendarizadas en varios espacios para las semanas posteriores a mi partida hacia The war on Both Sides / La guerra de los dos lados. Esas piezas serían afectadas por mi investigación, pero también por los acontecimientos que tuvieran lugar en Los Angeles antes de irme.

Pedirme responder cómo es que mi trabajo y yo estamos relacionados con la violencia, tuvo un efecto impresionante en mí. "La guerra" ha tocado a mi familia directamente (escribí sobre el tema aquí). Mi relación con la violencia corre profundamente: violencias, tanto físicas como psicológicas, algunas atribuidas a la homofobia, la pobreza y el racismo. Pero nunca había considerado cómo mi práctica artística se vincula con ella. Cuanto más investigué sobre la violencia en México, más me di cuenta de cómo la violencia habla en voz baja en algunos de mis trabajos, un punto que comencé a tratar por primera vez. Esta es una reflexión. Un intento de recuperación de la experiencia que todos compartimos en México, que rápidamente comenzó a desdibujarse después de mi regreso a Los Angeles en medio de la violencia, la pérdida y los viajes.

Los Ángeles.

Aterrizamos en Los Angeles al mediodía, mi chamarra seguía impregnada con el aroma del smog chilango. Agarré mi maleta y me dirigía hacia la salida cuando de repente escuché: "Disculpe señor, por aquí."

Búsqueda aleatoria.

Miré la fila delante de mí: tres hombres, todos vistiendo botas y tejana, en sus 40, tal vez 50; latinos de tez oscura, mexicanos tal vez. Miré hacia atrás: dos hombres de mi edad, también latinos, mexicanos tal vez, y un hombre rubio de ojos azules más bien al comienzo de sus 60. El rubio es llamado fuera de la línea por un oficial, y es informado que puede irse sin siquiera tener que mostrar su pasaporte. Me pregunto cómo es que lo hubieran escogido en primer lugar ¿tal vez por accidente se equivocó de fila?

Sacudí mi pensamiento y puse mis cosas en la banda transportadora. Le entregué mi pasaporte al oficial, él no me había visto todavía. Estaba entrenando al "chico nuevo". Mirando de un lado y al otro y luego al novato, abrió mi equipaje y subió el cierre tan pronto como se abrió. Registrando los bordes del rodillo de la maleta, me preguntó si había traído algo comestible de México; entonces me miró. Sus ojos recorrieron mi cuerpo de pies a cabeza y, mientras examinaba mis lóbulos de las orejas, la cara aceitosa sin lavar y las cicatrices del acné, le respondí: "no".

"Que tenga un buen día, señor."

Nunca había estado en una inspección "aleatoria" (por lo menos no en un aeropuerto). Comencé a pensar en la constante vigilancia de los cuerpos, cuerpos moremos, en ambos lados. Los cárteles en México vigilando, aniquilando todo lo que consideran una amenaza para su negocio. Y en E.U. el estado "protegiéndonos" del terrorismo, el crimen, las pandillas... todos los "malandrines ".

Cuando llegué a mi casa me acosté junto s mi novio para descansar un poco. Nuestra amiga Allison Wyper había programado un encuentro en el Río de Los Angeles con un grupo de compañeros artistas, como parte de un proyecto internacional donde artistas de diferentes países hacen performances en lugares extremadamente retadores. Allison nos invitó a todos a participar a través de un "sitio encuentro-receptivo"

La idea era ir al río, ocupar al espacio y responder con un performace. El formato en general implicaba improvisación, espontaneidad y sobre todo mantener un fuerte sentido de la conciencia. Allison nos sugirió que lleváramos objetos para experimentar. Esperé hasta los últimos cinco minutos antes de salir de casa para tomar un par de cosas: una cubeta de cinco galones y un gran trozo de lona de plástico que se usa para pintar.

Rafa Esparza en el río de Los Ángeles

El río de Los Ángeles es un lugar familiar para mí. Uno de mis primeros performances hace años fue en el puente de la calle 6ta que conecta Boyle Heights con el centro de la ciudad. Mientras desdoblaba la manta de plástico, llegó una ráfaga de viento y la abrió como una vela. Jugué con ella un rato antes de atar cada extremo de la misma a la agarradera de la cubeta. Me metí en medio del río y puse la cubeta a mi lado, en el suelo. Me intercalé en la fisura del plástico plegable hasta que poco a poco comenzó a abrazarse a mi cuerpo como el agua dentro de la cubeta distante. La cubeta me jaloneaba, a veces con sorprendente violencia y fuerza, y otras veces a penas se tensaba.

Cambié mi cuerpo dentro del plástico de vez en cuando. A veces me volteaba hacia afuera y descansaba todo el peso de la fuerza sobre mi cara, yo apenas podía distinguir una imagen lechosa de lo que estaba al otro lado de la manta de plástico con un grosor menor a 1 milímetro. Mientras estaba dentro del plástico pensé en lo que el río significaba para mí, la forma en que actuaba, lo que era y es. En esta meditación de significar, preguntar, crear hipótesis, imaginar; un movimiento emergió desde mi cuerpo. Comencé por aflojar las extremidades, dejando que la corriente las llevara, arrastrara, y justo cuando empezaba a sentirme desequilibrado me enderecé de nuevo.

Mi cabeza,
un pie,
un brazo,
un muslo ,
una mano,
un hombro .

¿Cuántas cosas ha empujado este río hacia el fondo del mar?

Edith López estaba en la segunda tertulia de un concurrido grupo de artistas que nos reunimos en el DF. El trabajo de Edith lidia con la recuperación de lo perdido, y se centra en casos de personas desaparecidas (muchos de ellos sin reportar y sin investigar). Ella es la hija de una activista que fue secuestrada, exiliada y más tarde rescatada y devuelta a México mucho antes de que Edith naciera. Esta historia familiar está siempre presente en las ilustraciones de Edith y también en su activismo. Su trabajo es al mismo tiempo consigna política y objeto de arte, ocupando muchos espacios. Una de las organizaciones con las que trabaja estrechamente es H.I.J.O.S. (Hijos e Hijas por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio). Ella habló de su historia personal y cómo se involucró con la representación de las innumerables desapariciones en México, la consolidación gradual de un impresionante y extenso archivo fotográfico. Su obra resuena profundamente en mí, específicamente su interés por crear una estética en torno a la desaparición. En medio de la sangrienta hiper-representación de los cuerpos destrozados, mutilados y destruidos por la narco-máquina, Edith se ha dado a la tarea de representar a los cuerpos que carecen de atención y representación. Cuerpos perdidos. Cuerpos fuera de vista. Su acercamiento es bastante despojado, por ejemplo, un tiro en la cabeza en blanco y negro de la persona desaparecida. El trabajo acumula su poder en la gran cantidad de imágenes recogidas de los desaparecidos expuestos en banners, carteles y volantes. Estas imágenes son vistas por cientos, miles, porque están activas y son activadas en las protestas, marchas, vigilias y manifestaciones públicas que buscan justicia y exigen al Estado investigar la inmensa pérdida de vidas humanas. Su trabajo es también el recordatorio de un Estado tan corrompido que permite actos de terror con impunidad sin fin. El suyo es un acto de recuerdo y representación que se opone al proyecto traumatizante de los tabloides y medios de comunicación comerciales que sin cesar reproducen las imágenes sangrientas. En un proyecto, que ella llama con renuencia "una performance" remplazarán las señales de tráfico con los nombres de las personas desaparecidas. El proceso es una colaboración con los vecinos que viven en la misma calle. Se involucran en un diálogo sobre un nuevo nombre propuesto por Edith. Ella presenta la vida de las personas desaparecidas a los vecinos, su importancia, las contribuciones que han hecho a sus comunidades. Con el permiso de los vecinos, Edith cubre físicamente las señales de tráfico con el nuevo nombre. Edith es la activación de la memoria colectiva, el reconocimiento de la pérdida a través de un memorial tranquilo, y que a la vez rechaza la memoria impuesta a diario por las fuerzas del Estado sobre sus ciudadanos. Edith está comprometida con el difícil trabajo de pedir a las comunidades sentir la pérdida y vivir el duelo. Es un trabajo que tiene que hacer frente a una gran cantidad de realidades deprimentes: la violencia, la convencionalidad de pornografiar los cuerpos violados, el trauma colectivo, la corrupción estatal, el constante secuestro de los espacios públicos... su trabajo evoca, y sólo puede ser impulsado por, un fuerte sentido de la esperanza.

"una performance" por Edith López

Tuve un día de descanso antes de volar a Chicago, para encontrarme con mi amigo y padrino queer Ricardo Abreu Bracho. Es un profe visitante en DePaul University y me pidió que viniera a presentar mi trabajo a su clase. Me tomé el día más que nada para dormir. Mis padres acababan de regresar de un viaje que hicieron a Durango la semana anterior, mi abuelo había estado enfermo y mi padre quería verlo. Les pregunté cómo habían sido sus viajes. (Casi siempre viajan en camión, y eso me saca de quicio, ya que Durango ha tenido un aumento de violencia alarmante recientemente). Ellos dijeron que habían estado bien.

En el vuelo a Chicago, me encontré muy preocupado por mi familia. Justo antes de que dejara México, habían sido víctimas de un "drive-by", disparos desde un carro en movimiento en LA. Y aunque mis hermanos se escuchaban bien cuando hablé con ellos, sé de primera mano qué tan paralizante puede ser esa experiencia. Mi mente se tornó de nuevo a México. Pensé en lo común que es el sonido de los disparos en muchas partes de ella. Qué tan familiar es el sonido para mí. Yo agacho mi cabeza hacia adelante y encojo los hombros enterrando la cabeza entre ellos cuando oigo el "crack".

¿Hay alguien que nunca haya escuchado un disparo?

Chicago.

Le llamo a Ricardo y le digo que estoy en el Home Depot comprando 100 libras de arena. Le pregunto si me puede encontrar frente a la escuela. Necesito ayuda para cargarla.

No le he dicho a Bracho lo que voy a hacer. Él es un gran apoyo y es de confianza. Estoy con México y todos los artistas que conocí allá, sus palabras, sus rostros, sus pensamientos, todavía muy presentes en mi mente:

Jen Hofer
Cristina Rivera Garza,
Daniel Hernández,
Tania Barberán,
Javier Sicilia,
Jean Robert,
Sylvia Marcos,
Francisco Taboada Tabone ,
Gregory Berger,
Carlos Sandoval,
Rocato,
María Rivera,
Mónica Mayer,
Víctor Lerma,
Edith López,
Magali Tercero,
John Gibler,
César Martínez,
Daniela Pastrana,
Julio Torres,
Sergio Troncoso,
Raúl Silva,
Rubén Martínez,
y Raquel Gutiérrez

...presentar una cronología de "mi trabajo" no era necesariamente mi mayor preocupación. El aula era más bien como una sala de conferencias, con techos de fibra de vidrio y una pared con ventanas verticales largas cubiertas con persianas. Apagamos las luces, cerramos todas las persianas menos una que dejamos abierta, creando un círculo con sillas y mesas alrededor de la luz que brillaba en el suelo. Pedí que todo el mundo saliera de la habitación y regresara una vez que el espacio estuviera listo para ellos. Abrí una bolsa de basura y la usé como un tapete lo suficiente largo para recostar mi cuerpo. Vacié mis bolsillos, y puse todas mis pertenencias en el suelo. Unos cuantos dólares, algo de cambio, algunos recibos (Ralphs, Century Spa, comida mexicana de Mae, MUAC -Museo Universitario de Arte Contemporáneo), mi identificación de California, mi ID de la universidad, una pegatina del MUAC (prueba de pago del museo), mi boleto de entrada a Teotihuacán, tarjetas TAP viejas, dos plumas, y algunas tarjetas de negocio. Puse dos sacos de 50 libras de arena sobre el suelo y me acosté, boca arriba, con el torso desnudo, con la cabeza entre las dos bolsas. Me cubrí la cara con un pañuelo rojo y oí a los estudiantes aparecer gradualmente en la habitación.

Oí a algunos moverse, algunas risitas y susurros. Dos muchachos que se sentaron cerca de mi cabeza bromeaban a raíz de mi inmovilidad. "¿Está respirando, durmiendo?" "Apuesto que si dejo caer una de esas bolsas en la cabeza va a despertar, HUR HUR HUR" Esperé la primera pausa de silencio antes de comenzar.

Rafa Esparza | Photo: Raquel Gutiérrez

Bolsa # 1

Toqué el contorno de una bolsa, agarré la de mi lado izquierdo y la levanté hasta la parte superior del pecho. Busqué la pluma alrededor, la agarré para apuñalar la bolsa con ella. Levanté la bolsa usando las dos manos y la sostuve sobre mi cara mientras la arena corría suavemente por mi nariz y mi boca. En algunos momentos perdí el equilibrio de la bolsa y la arena se derramó sobre mis ojos. El pañuelo me daba algo de espacio para respirar, pero como la arena se apilaba gruesa alrededor de mi cara, muy cerca de mi boca y de mi nariz, tener acceso al aire fue todo un reto. Usé mi lengua para empujar la tela roja lejos de mis labios, eso me costó invitar al polvo a entrar y la resequedad instantánea consumió mi boca. Comencé a toser, y cambié a respirar por la nariz, con miedo de tragar más polvo. Traté de concentrarme y controlar mi respiración, hasta que finalmente el último grano de arena cayó sobre la duna que pesaba en mi rostro.

Gabriela Jauregui abrió nuestra primera tertulia en el Museo Universitario del Chopo con una lectura de su poema "Oasis". El poema te lleva a través de una descripción personalizada tanto de un "narco" como de su mujer víctima, concluyendo con su eventual muerte, por degollamiento. Yo estaba preocupado por el poema de Gabriela. No tanto por el contenido, como por la imaginación que utilizó para crear la obra. Cargadamente representativo para una autora cuya tarea fue imaginar "qué se sentiría ser" esta persona o la otra. Yo no había preparado ningún pensamiento íntegro para acercarme a ese trabajo, y tenía mis reservas acerca de criticar los trabajos que estaban presentándose en estos diálogos. Sobre todo porque quería escuchar y vivir el trabajo antes de reaccionar a él. Lo que vino después fue la descripción de Gabriela de su proceso. Ella había escrito su trabajo en respuesta a una residencia que había tenido en Juárez en 2006, un año de violencia extrema. Un año en que México estaba hasta la madre. Habló de la carencia del sentido de seguridad, de sentirse amenazada. También habló acerca de lo que "la guerra" ha hecho a la humanidad en México, o mejor dicho, la deshumanización que la violencia ha causado, y la necesidad de introducir "gente real" en las narrativas construidas por el "discurso oficial" de que el criminal asiduo trabaja del lado de la máquina de guerra violenta. Los narcos no nacen, se hacen. Y las víctimas tienen nombres, tienen vidas que merecen más que las etiquetas comunes que abruman y consumen sus identidades, inspiradas por una especie de fatalidad: ahorcados/as, destrozados/as, decapitados/ as, etc. Yo coloco su trabajo dentro de la revelación del contexto de su proceso, como un proyecto que trató de deshacer parte del daño al que México ha sido sometido a raíz de la guerra.

Rafa Esparza

Bolsa # 2

Toco el lado derecho de mi cabeza tratando de alcanzar la segunda bolsa de arena, para proceder a perforarla como hice con la primera. La sostengo por encima de mi cara y comienzo a vaciarla. Le había pedido a Bracho reproducir "Los muertos" de María Rivera mientras vaciaba la segunda bolsa, entonces la voz de María entró en la habitación con pesadez, fusionada con la nube color café que emergía de mi rostro como los granos que se acumulaban sobre ella: gramos, onzas, libras. La respiración se volvía aún más difícil. Más tos, más falta de aire, hasta que finalmente la bolsa quedó vacía. Sin embargo, "Los muertos", continúa. La voz de María, más densa que la arena que pesa en mi cara, inunda la habitación. Pienso en los nombres que resuenan de las paredes a los oídos, que resuenan en los pasillos. Una letanía de nombres: cuántas personas han muerto, cómo eran, cómo son, cómo vestían, su edad, sus madres, sus hijas, sus rostros, sus sonrisas, nombrando a la violencia, a veces nombrando lo innombrable, pero todavía alcanzando y encontrando las palabras,

"Se Llaman ganas de bailar en las fiestas"

Yací inmóvil. Estancado. Congelado.

Mónica Mayer se unió a nosotros el segundo día de las tertulias en el Chopo, junto con su compañero de vida Víctor Lerma, Edith López, María Rivera, John Gibler, y Magali Tercero. Fue un día intenso. Era un fuerte grupo de periodistas, poetas, artistas y escritores valientes, creativos, comprometidos e inteligentes. Mónica Mayer es una artista multidisciplinaria en todos los sentidos de la palabra. Ella vino a la charla armada con un PowerPoint denso, uno donde ella bosquejó respuestas a todas las preguntas que hicimos para nosotros mismos y para que los otros las consideraran. Ella nos dio un rico archivo fotográfico, no sólo de su práctica, sino también de obras de otros artistas que se han ocupado de la violencia desde 2006, el año en que el presidente Felipe Calderón declaró la guerra a los cárteles. Me quedé sorprendido por su candor, su calma, su inteligencia y la información que ella soltaba sin tartamudear y con mucha claridad. Ella nos contó la historia de haber experimentado un trabajo con el que estaba profundamente conmovida, una instalación que involucraba colgar ropa de los árboles en un parque. No podía escapar de la imagen, que fue tan persistente que Mónica terminó por "re-instalar" su propia versión de la obra en un árbol en su patio trasero. Ella habló acerca de ser artista y la importancia de atestiguar como creador y, el poder generativo que el hecho de ver y escuchar puede producir.

Me he sentado con esa idea y mi interpretación de la misma por largo rato. Todavía reflexiono hasta hoy.

Después de que la voz de María se desvaneció, me levanté sobre mis rodillas. Sacudí el resto de la arena de mi cara y del cabello, me puse mi camisa, salí de la habitación por un momento para limpiarme, y cuando estaba listo, volví a la habitación. Xavi Moreno, paisano de LA, interpretó unas piezas que narran los momentos donde creció, incluyendo su encontronazos con la violencia, la policía, las drogas. Un joven East Los "narco " convertido en actor y más. Su trabajo me recordó lo ambivalente que me sentía al principio con el hecho de ir a DF a participar en una serie de conversaciones sobre la violencia, cuando la violencia ya estaba conmigo, me había acompañado durante gran parte de mi vida. La violencia es un lenguaje familiar, el trauma, las maneras sutiles en que da forma a la conciencia. Tú puedes ver a alguien y reconocer que él también habla el mismo idioma. Pensé en mi familia de nuevo.


Los estudiantes estaban un poco aprehensivos al principio de la sesión de pregunta y respuesta, pero Bracho es excelente en el arte del chisme, y poco a poco hizo surgir una conversación. La mayoría de los estudiantes tenían una información limitada acerca de la guerra contra las drogas en México, así que les di tantos antecedentes como pude para crear el contexto. Un estudiante expresó su agradecimiento por el desempeño y dijo que le recordaba a los feminicidios de Ciudad Juárez, Guatemala, y otras partes de las Américas. Hablamos de los diferentes grados de implicación, la importancia del contacto y el intercambio de conocimientos. Hablé de mi uso del clip de María Rivera recitando "Los muertos", como un "eco" para usar el término de Mónica Mayer, dando cabida a su voz junto a mi trabajo, colapsando así la distancia, trayendo a la habitación no sólo su voz sino todo lo que ella nombra, a nuestros oídos, a nuestra imaginación, a nuestros cuerpos. Sentí cómo algo del peso se esfumó de mis hombros después de la actuación. Dejando atrás algunas imágenes, algunas ideas, pensamientos y recuerdos recientes, así que, aunque sólo fue por un momento breve, los cuerpos perdidos se hicieron presentes de nuevo.

Rafa Esparza

Los Ángeles.

Llegué a casa para encontrarme con muchas cosas para ponerme al día. Lo primero en la agenda era entregar una obra de arte en colaboración con mi novio Dino en Mexicali. Dino Dinco es un artista de Los Angeles, curador de arte performance y escritor. Ambos habíamos estado siguiendo las noticias sobre la narcoviolencia desde que nos enteramos en el año 2006. "Paletas de Sangre" fue nuestra primera colaboración, hecha para la MexiCali Biennial 2013 Cannibalism in the New World, que se presentó en el Vincent Price Museum del East Los Angeles College. El show estaba viajando hacia el sur para Mexicali Rose, un centro independiente de las artes y de la comunicación para los jóvenes de la zona fronteriza.

Justo antes de dejar LA, recibí una llamada informándome que mi abuelo estaba muy enfermo y en su lecho de muerte. Dino y yo corrimos a casa de mis padres, donde todos mis hermanos y otros miembros de la familia se reunieron para despedir a mi padre. Mi papá parecía nervioso, no había dormido en toda la noche y quería desesperadamente llegar a mi abuelo en el poblado Ricardo Flores Magón, el pequeño pueblo de Durango de donde son mis padres. Él tenía todo preparado para conducir a Durango con su primo. Lo abracé y le pedí que abrazara y besara a mi abuelo de mi parte. Yo no quería dejarlo ir. Creo que debí haber pensado que si lo sostenía por más tiempo, de alguna manera mi pensamiento sería transmisible a mi abuelo, o tal vez en mi mente estaba en realidad abrazando a mi abuelo. Me quedé con mi mamá y el resto de la familia por un tiempo y entonces yo también me dirigí hacia la frontera. El viaje se sintió más largo de lo que yo esperaba.

Dejamos nuestra pieza en Mexicali Rose, llegamos a nuestro hotel y me quedé dormido casi inmediatamente. Por la mañana me desperté con ganas de saber por dónde andaría mi papá y cómo le estaba yendo al abuelo. Llamé a mi madre y me dijo que acababa de hablar con mi padre y que estaba cruzando en Juárez. Me dije a mí mismo que estaría en Durango por la tarde. Me vestí para ir a desayunar y mi teléfono sonó. Era mi madre otra vez. Mi abuelo había muerto. Imaginé a mi papá conduciendo camino a Durango, en el calor del desierto. ¿Ya lo sabía? Tal vez no debería saber. Miré por la ventana de mi habitación del hotel y traté de averiguar en qué dirección estaba el sur ¿dónde está Magón desde aquí?


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Había pasado casi una semana desde que mi papá se había ido a México y estaba por regresar el domingo. Hice planes para estar en la casa de mis padres y darle la bienvenida. Cuando llegué, uno de mis hermanos menores preparaba el barbecue y mi madre y mi hermana estaban haciendo arroz, frijoles y ensalada. Mi mamá me dijo que mi padre había decidido quedarse un día más. Por supuesto, pensé. Mi madre y yo hablamos largo y tendido sobre todo. Ella es increíble, se sostiene a sí misma, y ha sido un fuerte apoyo para mi papá. Almorzamos tarde, jugué con mis sobrinos, y justo cuando el sol empezaba a ponerse miré la hora y les avisé que regresaba a mi casa. Les dije adiós, abracé a mis sobrinos y a mi sobrina, y salí por la puerta principal. Estaba dos escalones más allá del porche cuando mi mamá me preguntó si quería llevar pastel a la casa, para Dino. Al principio pensé, naah... y después ok. Claro. Me di la vuelta, caminé por las escaleras, cerré la puerta detrás de mí y -

crack.

Yo sabía exactamente lo que era. Volteé hacia la puerta y fui capaz de echar un vistazo a un carro que iba pasando. Rápidamente escannié la calle buscando un cuerpo, cualquier cuerpo. Yo sabía que mi hermano mayor estaba afuera. Y mis vecinos, los niños... Los acababa de oír reír y gritar mientras jugaban a "la trae" allá afuera. Encontré a mi mamá afuera, igualmente agitada, RAFA ! -gritó, y fue un alivio para ella verme ahí parado.

Pánico produciéndose.
Represalia considerada.
Daño "controlado."

"Ahora me dedico a hacer arreglos florales "

Recuerdo que María Rivera compartió con nosotros que se había dedicado a crear arreglos florales, un hobby sanador después de escribir "Los muertos" y del encuentro con la violencia a través de su poesía. Sí, tiene mucho sentido... flores. A menudo, cuando se habla de la violencia, la mayor parte de la conversación se convierte en un trauma, y con razón. Sin embargo, las conversaciones deben continuar más allá de ese punto, justo como sigue la vida. María no ha dejado de escribir. De hecho, su próximo libro está a punto de ser publicado. Y ella sigue haciendo su parte en la conversación sobre la violencia en México. Yo mismo todavía necesito más tiempo para aprender realmente lo que La Guerra de los Dos Lados, está haciendo a mi propia práctica artística. Cómo se enriqueció, y cómo me puede activar significativamente esta experiencia.

En los últimos días me ocupo a mí mismo con cualquier cosa y con todas las cosas. Llamo y visito mi casa con más frecuencia de lo habitual. Le doy importancia a mis bendiciones a diario y hago votos de vivir la vida al máximo. Pienso mucho en México. Lo que vi ahí, como interpreté todo, y la cuestión de cómo todo esto adquiere sentido en medio de la violencia que he conocido en mi vida.

En este caso, elegir hacer un trabajo acerca de la violencia es la única opción.

Rafa Esparza | Photo: Ricardo Torres



Dolores Dorantes (Córdoba, Veracruz. 1973) fue periodista en Ciudad Juárez, Chihuahua, donde vivió los últimos 25 años; además de coordinar la sede de Documentación y Estudios de Mujeres, A.C. promoviendo la escritura autobiográfica entre mujeres en estado de marginación, vulnerabilidad y reclusión en Ciudad Juárez. También fundó la Compañía Frugal para las Artes de la Frontera Norte. Ha publicado cuatro libros de poesía y dos de prosa. Sus libros más recientes son "Querida fábrica" (Práctica Mortal, 2012) y Estilo (Mano Santa Editores, 2011). Parte de su trabajo como escritora ha sido traducido al bengalí, holandés, portugués, sueco, alemán e inglés. Desde 2011, vive en Estados Unidos con asilo político. En Los Angeles, California, fundó la organización Cielo Portátil (por una educación libre) y es curadora (junto a la escritora Jen Hofer) de la sección de libros en español en la librería The Last Bookstore, llamada "La Última". Desde hace 13 años alimenta un blog como proyecto de narrativa ocasional: www.doloresdorantes.blogspot.com, en ese blog también están disponibles la mayoría de sus libros, de forma gratuita.

La Guerra de los dos lados/The War on Both Sides cuenta con el apoyo de varias instancias culturales en ambos lados de la frontera. Agradecemos al Departamento de Asuntos Culturales de la Ciudad de Los Ángeles, que nos brindó una beca generosa para este intercambio internacional. En la Ciudad de México el Museo Universitario del Chopo nos recibió con muy amable hospitalidad; en particular agradecemos a su director, el Lic. José Luis Paredes Pacho, y  su equipo de trabajo: Claudia Manzanilla, Dalila Silva Ortíz, Blanca Espinosa, Javier Marín, y Amaranta Marentes. En Los Ángeles, Carol Jacques y Dalila Sotelo de Los Amigos de Siqueiros, y la activista-publicista Martha Ugarte nos hicieron posible nuestra primera presentación pública en Estados Unidos en el América Tropical Interpretive Center en la Calle Olvera. En Cuernavaca nuestro proyecto fue posible gracias a la hospitalidad y el apoyo logístico de la Secretaría de Cultura de Morelos, a través de su secretaria, Cristina Faesler y su equipo de trabajo. En particular agradecemos a Hernan Osorio, de esa misma institución, y a Alicia Reardon, quienes fueron los responsables de la coordinación y logística del encuentro.

Top Image: Rafa Esparza.

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